Título: ¿Dónde está la verdad? No lo sé, pero vete, mentiré por ti y te salvaré.
Amenaza tormenta, dijo el padre Anselmo. Y todos le creímos. Porque por el fondo de la vieja iglesia venía Sor Nerea, la más popular de las monjas gritando. Y el padre Anselmo se ajustó la sotana y sin perder un minuto desapareció en la sacristía. ¿Dónde está ese condenado cura viejo? Tronó como una endemoniada la monja. Y todos levantamos temerosos, y alguno temblando, el dedo señalando la sacristía, todos menos yo, claro está, que señalaba la escalera al campanario. Y viendo Sor Nerea mi falta de unanimidad me soltó un bofetón. Y me dijo: Bonito favor haces a Dios mintiendo. Y se metió como el demonio que iba hecha al angosto lugar de la sacristía. Y allí un enorme armario contra la pared la recibió y ni rastro del cura. Masculló la monja mil pecados y casi al tiempo abrió las puertas del armario por si dentro se había metido el curilla, pero allí solo ropas para el embozo cural para dar misa había. Y salió de la sacristía corriendo. Los muchachos habían desaparecido todos corriendo. Y no pudo dar la monja, con Don Anselmo. Y nunca imaginó que detrás del armario, moviendo aquel pesado armatoste, se escondía una escalera al campanario y a los altos de la iglesia.
Felicitó Don Anselmo en la huerta que ponía «Huerta de la casa cural» Y dio un caramelo a cada uno. Y a mí, dos, a cuenta de la torta. Y asi seguimos aprendiendo que la verdad no importa, si el que tienes delante con todos sus prejuicios, ya te ha condenado. Y nada dirás que te libre de la hoguera. Así que di que venís a desayunar tres, que te pongan los tazones y desayuna tu solo. Aprovechando que aquellos que venían, no vinieron.
Y así os lo he contado.
©ManuelAcostaMás
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