¡Buenas noches ocho de octubre! Permitidme un homenaje…

Veinticinco aniversario, del «centro valle del Roncal»

Este es un particular homenaje que dedico tanto a las bellas personas que, en estos veinticinco años que ahora se celebran, han dado —porque ya no están— o dan —porque continúan— lo mejor de cada una de ellas para y por los que habitan en el «centro valle del Roncal» como a ellas, las entrañables y bellas personas que han habitado —porque ya no están— o habitan —porque lo siguen haciendo—, dando sentido a nuestro aterciopelado cuidado. A ellas y a sus sufridas y pacientes familias. Así que, por los profesionales del cuidado, los receptores del mismo y sus familias, van estas líneas que nacen del corazón.

A las primeras, porque han posibilitado, con su buen hacer y esmerado trato, que además de existir, vivan. Y esto es muy grande, pensadlo, además de existir ¡VIVIR! ¡Qué grandeza! Tal vez el sufrido personal multi todo o multifunciones —para mí, excelso personal— no sea consciente, porque pararse a pensar es difícil cuando… ¡hay tanto que hacer! Pero es suficiente motivo para estar orgullosos. Por lo que supone de aportar a la riqueza interior, al crecimiento personal, a la felicidad conquistada, a la plenitud del ser… del SER, con mayúsculas, de todas esas personas que han necesitado de nosotros para completar sus autonomías, atendiendo sus necesidades emocionales, cognitivas y físicas. Construyendo una historia esperanzadora; de barreras superadas, de estigmas derrotados, de nuevas miradas, de sueños alcanzables, de dignidades. Una bonita historia, que se mece en «el aterciopelado cuidado» del «excelso personal» realizado en las duras condiciones de trabajo. Y esto es para reconocer y homenajear.

Ser capaces de seguir poniendo amor en las tareas cuando no hay tiempo para nada, y cuando atadas a esas tareas hay personas necesitadas, dan una altura moral incontestable, que yo certifico en las buenas personas de bellas almas que iluminan ese centro, y solo en ellas. Y a ellas se lo digo: sois extraordinarias, donde había un desierto ponéis un oasis.

¿Cómo no tener un detalle con ellas?

A las segundas, porque nos han dado tanto… nos lo han dado todo… nos han dejado ser lo que somos, con orgullo. Y han sido lo suficientemente pacientes y sufridoras, para que fuésemos aprendiendo con ellas. Y sin ningún ademán pretencioso, nos han brindado la oportunidad de ir desprendiéndonos de prejuicios, de maravillarnos con sus potencialidades y de crecer en humanidad.

Ellas, humildes y sencillas maestras… muchas veces alejadas de las miradas del mundo, prohibidas en las conversaciones, retenidas en angelicales infancias interminables, o protegidas y ninguneadas en tratos páter-maternales asfixiantes.

Ellas ¡Princesas de frágil cristal! Elementales o complicadas, variopintas como nosotros. Personas completas; quietas en sus sentidos, rebeldes en sus sentimientos, quietas en sus sentimientos, rebeldes en sus sentidos; quietas en sus sentidos y sentimientos, rebeldes en sus sentidos y sentimientos… ¡Qué jaleo! Pero todas, en rebeldía o quietud, con alma, voluntad y corazón. Personas que yo reconozco… que nosotros conocemos. Y que nos han hecho reír y llorar, soñar y creer. ¡Crecer! Y han despertado en nosotros la ternura, la esperanza, la ilusión y el cariño. Demostrado, una y mil veces, que es posible volar y alcanzar las estrellas. ¡Con lo necesario que es tener estrellas que alcanzar y cielos para volar!

¿Cómo no tener un detalle con ellas?

Sííí, con ellas. Que han dado y dan sentido a nuestro trabajo, que son un ejemplo de superación, que nos han enseñado a cuidar y a cuidar bien, que nos han enseñado a sortear obstáculos y dificultades gratuitamente. Y que nos han necesitado ¡nos han necesitado! Haciéndonos sentir buenos profesionales y mejores personas… (bueno, a la mayoría, siempre hay oscuras excepciones).

Repito ¡CÓMO NO TENER UN DETALLE CON ELLAS!

Y a las terceras, las familias. Las abnegadas y sufridas familias, siempre trabajando por la vida más completa de sus amados familiares, nuestros queridos y frágiles usuarios. Trabajando con esa bravura con la que a veces se revisten, motivada por el amor a los queridos seres que de su carne y de sangre nos entregan para hacernos copartícipes de su felicidad. ¡SU FELICIDAD! Y si somos capaces de verlo, aunar esfuerzos y trabajos no nos ha de costar, pues ellas y nosotros remamos en el mismo barco y a la fuerza habrá que remar al unísono para poder llegar a buen puerto. Y este puerto se llama… Un mundo mejor.

Por él estamos embarcados.

Y ahí es donde se entiende el reconocimiento. Por su entrega y compromiso, por su amor y su paciencia, por su capacidad de renuncia y sufrimiento. Por su buen hacer, cercanía y entendimiento. Por caminar a nuestro lado con las mismas lágrimas y risas de las mismas historias compartidas, en pos de un futuro mejor.

¿Cómo no tener un reconocimiento con ellas?

Así que, por mi parte… De corazón, mi más profundo agradecimiento, mi más sentido reconocimiento y mi más humilde homenaje, a todas las personas mencionadas.

Y un beso…
«Hay un sol de esperanza… que no olvido»

En Pamplona, ocho de octubre de 2016
Manuel Acosta Más.

P.D.
Hubo un acto, lo sé. No sé cómo fue. No estuve invitado, pero allí estaba mi espíritu, en la foto sale. Y por si alguno más se quedó fuera o no fue suficientemente homenajeado, os diré por si sirve de reparación… Las auroras que ganasteis están en vuestro corazón. Y no necesitan de nada, les basta que salga el sol. Sed lo que siempre fuisteis y lucid como las luces que sois.

Os iba a decir que en veinticinco años nunca tuvimos suerte con las empresas, pues estas siempre fueron pacatas y cortas de miras, pero no lo diré. Bien mirado, tuvimos suerte de su mediocridad, pues en sus campos de sal florecimos para brillar y derramar.

Mis últimas líneas van para ese conjunto de seres que, bajo un manto fétido y oscuro, relucen plumas de pavo real y cacarean infernales canciones de miedo y odio sin par. Esas que desde sus puestos de relevancia o dirección no facilitan la vida de nadie, ahumando el hoy y el ayer…
A esas les digo: el mañana está ahí y es posible cambiar. Os doy mi mano, perdonemos… y ¡CONSTRUYAMOS!

Hasta aquí el homenaje. Y a todas y todos los que no sois, ni fuisteis, ni seréis, pero que me conocéis…
Un beso… Sincero
Como a ellos y a ellas

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